Hay cosas con las que no puedo…
Lunes, Mayo 12th, 2008Hay cosas a las que no quieres enfrentarte, no es que no puedas, es que no quieres. El temor te sacude por dentro. Sientes que tienes un asunto pendiente, algo que está ahí, esperándote. Lo dejas para mañana, para el siguiente, y te vas dando excusas.
Pero las excusas se acaban y lo que sientes te reclama. Te busca, te cerca, observa tus movimientos y descree tus excusas. Te espera. Hasta que en el laberinto que es a veces tu cabeza, entre los impulsos del corazón por latir, ahí, te mira a los ojos y te sienta.
¿Qué haces con la decepción? Yo no sé tratarla. No sé apaciguarla en mi corazón. No sé que hacer con sus jirones, con sus dolidas palabras. No sé calmarla, ni matarla. No sé que hago con esta decepción entre las manos, porque es algo que me cuesta superar porque me supera.
Porque puedo con sentimientos más duros, puede doler, tener el alma en carne viva, sentir que todo late por inercia sin mi consentimiento, y lo sufro, y lo lloro, pero vislumbrando un fin, un camino nuevo. Sin embargo, con la decepción nunca me llevé excesivamente bien.
Y me escondo de ella, porque no quiero verla, ni quiero sus explicaciones, ni quiero sentir que con la decepción me viene un luto. Porque es más difícil llorar las cosas que duelen pero es más triste ver que lo que has depositado en alguien se ha esfumado con el aire, que te has equivocado, que todo sigue fluyendo menos esa parte de tu corazón que arrastra pena.
No me gusta la decepción, porque es como si me hiriera a mi misma, porque al fin y al cabo mi fe también se escapa. Porque me resulta casi cruel darme cuenta de que he podido soportar que me rompan el corazón pero no puedo soportar que se me decepcione.
Y es increíble esperar de los demás que nunca te decepcionen, pero cuando has puesto corazón y piel, pedazos de quien eres en otra persona, esperanza en sus manos, cariño en su corazón, son lágrimas agrias las que corren por la cara. Lágrimas amargas que mojan la barbilla.
Y no sé que hacer porque no tengo ganas de hablar con esta decepción que nubla el mejor de mis días aunque la vaya postergando. Aunque vaya reclamándome justicia.
No estoy preparada para este entierro, porque no puedo. Si alguien me decepciona, si consigue que mi paciencia se ahogue, si siento dentro que se ha partido algo por la mitad que no se puede pegar… se marca el punto final.
Lo hice en enero con alguien, y me costó muchos años decepcionarme, pero cuando lo hice supe que después de la decepción vendría el fin. Van de la mano, unidas para mí. Y después ya no soy flexible. Ya no quiero nada más.
Y ahora, otra vez, me veo en la misma rotura. Partida por la mitad.
Y te prometo que sentirme decepcionada es algo que no puedo asimilar. Que no quiero. Que no sé hacerlo…
Y otro fin más.