Deshojamos margaritas ¿Me quiere o no me quiere? Nos preguntamos ¿Qué pensará este de mí? ¿Y el otro? ¿Y mi jefe? ¿Y mi familia?… Nos vestimos para el mundo y nos olvidamos de desnudarnos delante de nuestro espejo íntimo y personal… Nos olvidamos de que existimos, nos olvidamos de algo tan importante como la autoestima…. ¿Dónde ir sin ella?…
La Autoestima viene y va, sube y baja, depende de esto, o de aquello, pero una autoestima sana es tan imprescindible como respirar… Necesitamos una Autoestima que sepa resistir golpes, que sea lo más coherente posible para recuperarse de los palos que se lleva. Que al menos tenga suficientes vitaminas para subsistir un tiempo cuando esté enferma.
Hace tiempo… tal como un año, miraba al suelo y allí tampoco estaba. ¿Dónde me he dejado la autoestima? Pensaba yo. Me veía poco más que un saco inútil. Físicamente también, pero sobre todo alguien me hacía pensar que nunca estaba a la altura, por más que yo hiciese, siempre acaba con la sensación de no alcanzar nunca lo que se exigía de mi, lo que se supone que yo debía ser ¿Me explico?… Parecía que no me merecía nada… porque no gustaba tal como soy…. Conflictos internos, luchas horribles, lágrimas agrias y desconsoladas porque no me valoraba. Porque todo era culpa mía… Yo era la responsable directa de todo lo malo que acontecía. Si el mundo se venía abajo ¿también?…
Hay personas que creen no poseer ese brillo que todos tenemos, y lo más fácil es buscar el modo de quitarlo, “si yo estoy amargado, tú también”… Así no nos deslumbra, así nos sentiremos un poco menos inferiores… y me parece infinitamente triste… pero es real. Es verdad que hay personas que dañan las autoestimas ajenas porque las suyas están tan deterioradas que no lo pueden soportar… Otras veces las quitamos sin darnos cuenta de que lo estamos haciendo… pero esas creo que son las de menos. ¿Hasta que punto somos conscientes de que no tener autoestima es un impedimento para disfrutar de la vida?… ¿En que punto nos percatamos de verdad de la buena de que necesitamos pasar por chapa y pintura para restaurarla?…
Yo me di cuenta, en parte porque tengo personas a mi lado maravillosas de verdad que me recordaban a menudo que soy especial. No para todo el mundo, pero para las personas que de verdad me quieren si que lo soy… pero lo autentico es creérselo uno mismo, saberse especial porque si. No porque se tiene esto, o soy más alta, o más guapa, o más inteligente, sino porque somos especiales, porque en conjunto tenemos “el brillo”.
Si vamos desmontándonos a cachitos, claro que habrá muchas cosas mejorables, o que no nos gustan o que nos disgustan hasta extremos… pero si nos fijamos en el grano de la nariz y no nos fijamos en los ojos grandes… desvirtuamos toda la realidad… Y el primer paso de sanar heridas en la autoestima es creer que somos maravillosos. Yo me lo escribí en todas partes “soy maravillosa”… no porque sea muy guapa, muy inteligente, muy de todo. No. Porque SI y punto. No hay más. Porque no soy menos que nadie, ni nadie es menos que yo, porque me merezco todo lo bueno que me pasa, y lo que me pasa malo no me lo merezco pero más de una y de dos veces si que me lo he buscado yo solita.
Quererse a uno mismo, valorarse, ser consciente de que somos mucho más que los “muy” que se nos exigen desde el exterior es importantísimo. No puedo soportar ver a personas que quiero con la autoestima hecha añicos. No. Me niego. Y trato de repararla en la medida de lo posible, y lanzo ¿al aire? Un derroche de virtudes que tiene aunque no las vea, la autoestima nace en nosotros y somos nosotros los únicos responsables de cuidarla, quererla, y amamantarla para que sea fuerte y resista los muchos golpes que se lleva en la vida…
Me parece un ejercicio sano, muy sano, alimentarla a base de “me merezco un capricho” “se me dan muy bien las matemáticas” (a mi no desde luego) e ir paso a paso dándonos cuenta de que SOY ESPECIAL. No, no somos perfectos, ni falta que nos hace. Baste sentirnos especiales y brillar, aunque ese brillo a veces ciegue a los demás porque han olvidado mirar su propio brillo.