Una Crónica de los primeros días
Jueves, Febrero 16th, 2006El primer día llegué casi temblando a la farmacia. “Soy una yonqui de la nicotina” me digo a mi misma terriblemente asustada. Parches, cigarro falso y caramelos “golia Activ” que hoy por hoy aborrezco enormemente.
Solo a mi se me ocurre la misma semana dejar de fumar, preparar un viaje al otro lado del mundo, y trabajar a destajo para dejarlo todo decentemente listo para mi marcha. Solo a mi! Y mi vida social echando humos, tanto que ya no recordaba lo que era.
Todo en la misma semana.
El segundo día fue el peor. Mucho peor que el primero. Una hiperactividad que no me abandona, insomnio que no me sorprende pero que aun sigue dándome pánico. Mucha tila, valeriana para calmarme y un ataque de ansiedad que se resume en un llanto que me hace sentir imbecil, porque no tengo motivos pero yo me siento terriblemente mal y no puedo evitar llorar y llorar.
La gente fuma a mi alrededor, mi mal humor se acrecienta por momentos y la maleta no es tan grande para todo lo que quiero llevar. Ropa de verano. Y también de invierno.
Tercer día.
Mi hiperactividad está en pleno auge. Hablo deprisa como si me faltase tiempo, parezco una metralleta hablando. Me voy a dar un largo paseo para relajarme, lo consigo un rato. Me pongo a limpiar como una cosaca (y es que a mi limpiar me relaja, aunque alguno diría que soy una enferma…) No echo tanto de menos tener el maldito cigarro en la mano. Logro olvidarme a ratos de él. Ya no hay tantos actos reflejo de coger un paquete inexistente en el bolso y luego recordar que ya no fumo. Regalo mi mechero lila, ese que tanto me gustaba.
Quedo en el pub con Lucía. Ella solo fuma cuando me ve fumar, y me dice que ya se había hecho a la idea de fumar, y que va a hacerlo si no me molesta. Acabo con el platito de frutos secos y le digo “esconde ese paquete por favor” todos muestran su cigarro. Sobrevivo. Dos horas en un pub y ni una simple calada.
Que orgullosa me siento de mi misma y de mi fuerza de voluntad, y es que… tener la cabeza dura y ser de ideas fijas, la mayoría del tiempo me parece un soberano defecto. Pero hoy no.
Cuarto día… Me siento bastante bien. Parche en el muslo. Ningún caramelo. Mi jefe me exprime y me pide que le haga un montón de listados de cosas para tenerlas claras en mi ausencia. “vale… primero un post y me pongo a trabajar”