La vida es injusta, todos lo sabemos.
Martes, Enero 31st, 2006Me doy cuenta que….
La eficacia no es tan importante,
Nadie es irremplazable,
El pez grande se come al pequeño,
Hacer muy bien tu trabajo no es garantía de nada.
Pongamos que te dan una oportunidad de esas estupendas en tu vida. Digamos que hace tanto tiempo que no habías desempeñado una labor similar que tu inseguridad personal es un abismo que debes franquear. Digamos que aceptas el desafío, porque oye, los cobardes nunca se han llevado bien con la felicidad. Pongamos que te esfuerzas, que te esmeras, que cuidas tu labor, que acatas ordenes, que resuelves conflictos, que al final te sorprendes porque te has sobre-adaptado a las nuevas circunstancias, y la seguridad en tu persona va aumentando cada día. Compañeros te felicitan, tu misma regresas a casa con una sonrisa porque te sigue sorprendiendo tu capacidad de reacción. Descubres errores que otros habían cometido. Y en definitiva estas haciendo el mejor trabajo de tu vida.
Entonces un día, te llaman al Despacho del Jefe. Todos siguen con su labor, y a nadie le extraña. Y ese día, mientras le tiembla la mano al mandamás, te dice que lo siente mucho pero que estás despedida. Cuando tú le preguntas que ha pasado, y te va derramando “lo has hecho muy bien, no has cometido ningún fallo, eres concienzuda y haces un buen trabajo, pero eres lenta” y no sabes como reaccionar. Te quedas con la sangre por un momento congelada y el corazón latiendo con furia dentro. Sientes ganas de llorar pero te ríes, no consientes que ese gran imbecil te vea preocupada, ni triste, ni mal.
Tras la conversación, te vas a despedir de tus compañeros que se quedan completamente perplejos y dicen “no es posible” Esos mismos compañeros que te van diciendo cada día “eres lo mas grande de esta empresa” y te vas por la puerta de atrás con el alma manchada a fracaso.
Lloras, lloras y lloras por que no lo entiendes. No sabes que ha pasado en realidad, y donde has fallado. Giran sus palabras en tu cabeza hasta que te da vértigo y tiemblas como una niña que acaban de regañar. Y las piezas de un puzzle pasan por tus manos.
Casualidad o no, un impresentable es intimo amigo de tu jefe, ese mismo con el que tuviste un gran problema en el pasado. Un impresentable que tiene un montón de dinero. Y que, de nueva casualidad, está creando una nueva empresa y su socio es tu jefe. Casualidad otra vez que haya estado esa misma mañana en la oficina.
Y lloras mientras dices ¿voy a estar toda la vida pagando mis errores? Y esas lágrimas derrotadas me saben amargas a mí. Porque no soy yo la que está pasando por esto, tranquilos, pero me duele igual. Me duele lo mismo que la vida haya tratado a patadas a una persona tan sumamente buena, luchadora y trabajadora. Me duele porque lo he visto día tras día a lo largo de los años. He visto patada a patada, bofetada a bofetada de una vida injusta. Y me siento impotente, y frustrada. Y se me cae el alma a los pies porque no es justo. No es justo. Y no me cansaré de decir, que no lo es.
Pero nadie grita. Todos callamos, porque sabemos que la vida así funciona. Y siempre pierde el débil. El pequeño. Aunque nadie se de cuenta de que la grandeza no se ve en la billetera sino dentro.