Archive for Diciembre, 2005

El adios al 2005

Sábado, Diciembre 31st, 2005

No quería yo dejar el 2005 sin su ultimo post.

Hoy es el cumpleaños de alguien que me importó mucho, sé que no me lee, pero le deseo un muy feliz día.

Hoy es un sabado como otro cualquiera, salvo que esta noche, recibo Enero con gran ilusión.

Sin buenos propositos que no pueda cumplir, pero ilusionada por lo que tengo pendiente de que se haga realidad.

Feliz 2006 para todos

En Diez Palabras

Domingo, Diciembre 18th, 2005

Gracias a Eyder me llega la idea, me ha resultado curiosa y bonita… asi que alla van mis diez palabras favoritas!!

1- Interesante
2- resultón
3- excitante
4-burbuja
5-desliz
6-patata
7-maravilla
8-libertad
9-extraño
10-entrañable

y si quereis más información sobre esto pasarse por aqui

Otra tirita más.

Miércoles, Diciembre 14th, 2005

Ella me llama llorando, desconsolada. Sollozando como si fuese la primera vez. Llora y llora mientras le pregunto ¿Qué ha pasado? Por favor, deja de llorar niña que no lo soporto. Ella llora más. Llora igual que cuando te quieres aguantar los gritos, llora igual que cuando quisieras pegar a cualquier cosa. Lloras de impotencia. Y de rabia. Y de dolor. Todo mezclado en lágrimas oscuras y demasiado saladas.

Otra vez. Otra vez el cabrón de su novio (y no pido perdón por la lindeza que acabo de soltar, porque se merece eso y muchísimo más) Mas calmada ya, me va relatando el nuevo acontecimiento, es una sucesión de hechos constantes, sin ninguna variable salvo el tiempo transcurrido que nunca es muy preciso.

Llora levemente y me dice “lo he llamado tan normal, estábamos bien, y se ha puesto a gritarme como un energúmeno” aquí me ahorro las cosas bonitas que dijo a mi amiga, me las ahorro porque me dan hasta vergüenza. Rabia. Escozor. Ganas de romperle su maldita dentadura.

Mil millones de veces, en estos ocho años le he dicho que lo deje, que puede hacerlo, que buscaremos a algún psicólogo que la ayude porque se merece mucho más, que ahora mismo tiene la autoestima por el subsuelo pero que es una persona inteligente, graciosa, amable, simpática, agradable… atractiva y una larga serie más de cualidades que yo al menos si que veo en ella.

Pero nunca lo deja. Nunca. Siempre le perdona. No la maltrata porque nunca le ha pegado un bofetón, como si gritarle improperios no fuese otra clase de maltrato, como si realmente eso no se marcase en el alma, porque no se ven las cicatrices. Porque no es el cuerpo y para darte cuenta de que alguien te maltrata te tiene que poner la cara como un poema. Que se jodan todos!!

Ya no sé que más hacer. Ni que más decir, porque cualquier cosa que yo digo no cala lo suficiente en ella. Porque el muy cabrón después viene tan normal y diciendo que la quiere (porque ni siquiera se arrepiente claro) y se acabó. Fin de la historia. Borrón y cuenta nueva.

Claro, es que siempre nos quedan tiritas (pa’ este corazón partio) tiritas que cubren abismos enteros. Tiritas que curan. Milagrosas. Tiritas y tiritas para los moratones del alma. Más tiritas. No importa tanto, porque solo son mil mentiras y alguna más, decenas de promesas incumplidas, decenas de insultos y de gritos. Perdida completa del respeto que es la base del amor. El “Te quiero” ensuciado con sus labios manchados de la misma negrura que tan bien acuna.

Y cuando ella me pregunta ¿Qué hago con un tio 15 años mayor que yo con un hijo que podría ser mi hermano? ¿Qué hago si solo me miente y me dice que haremos una vida juntos y no es verdad?

Y yo gasto nuevas palabras. Con la misma rabia. Con la misma pena. Pero solo son palabras que el viento arrastra. Como la tempestad que azota su relación. Que pasará al cabo de dos días.

Y cuando pasen esos dos días, cuando le pregunte ¿Qué tal? Y me diga, “Mejor” se me viene el alma a los pies.

Otra tirita. Otra tirita mal puesta. Otra tirita que no será milagrosa. Que no la curará, porque ella no entiende que se está destrozando la vida. No entiende que lleva ocho años perdida en ese abismo de mierda que es su relación

Y las demás, asistimos compungidas a la triste escena que cada cierto tiempo se repite, sin saber que hacer para salvar a quien no quiere salvarse porque tiene tiritas.

En Rosa y Azul

Lunes, Diciembre 12th, 2005

Volver al trabajo. Pereza. Demasiado tiempo en casa, pienso. Voy perfectamente maquillada, con un jersey de un rosa raro y los vaqueros. Botas altas. Demasiado tacón. Más pereza. Café humeante. Cortadito con un poco de leche. La pereza en descenso. Remuevo el café y me pierdo en los últimos tres días. En casa. De chándal a pijama y de pijama a chándal. Coleta. Zapatillas de estar por casa. Una larga cura de sueño. Mil siglos sin dormir tantas horas seguidas, una familia entera de marmotas pecando de envidia por mi culpa.

He aprovechado el encierro para tragarme un montón de películas, unas que me han enfadado, otras que me han puesto triste. Otras que me han hecho pasar el rato y nada más. He matado el tiempo con documentales, he adelantado los recuerdos de Cesira en plena segunda guerra mundial entre las hojas de “La Campesina”… He llorado de impotencia. He reído de puros nervios agolpados. Y también he soñado….

He soñado en rosa, como siempre que sueño despierta. Los recuerdos son azules, azul liquido. Los sueños son rosas. Sueño con un aeropuerto en el que no hay gente, solo dos. Sueño con maletas que no pesan y con felicidad que brota de las venas. Sueño y sueño que el tiempo se detiene en dos sonrisas que se encuentran, en dos miradas que brillan y se cruzan. En mas felicidad brotando de las venas. En vestir el mundo de estrellas en pleno día. He soñado. He soñado que la soledad batía las alas y se alejaba de mí. He soñado, y al despertar de mi ensueño me ha dolido levemente la realidad. Porque será un sueño que más tarde o más temprano se cumplirá. No importa, porque los sueños son rosas. Y los recuerdos azules.

Se me acaba el café. Pero no el sueño. El sueño no se acaba, no se agota, no disminuye con el zarpazo del tiempo. No importa ir de vaqueros, en chándal o en pijama. Es un sueño que yo alimento, que cuido, que mimo, y llegará el día en el que tendré que dejar de escribirlo en rosa y magicamente será azul.

Un rato de Amistad

Viernes, Diciembre 9th, 2005

Me cambié de Instituto, y me fui a uno de monjas. Fue una casualidad que yo acabara estudiando administrativo, porque, en alguna ocasión dije (y otras cuantas más lo diré) que los números y yo nos tenemos alergia aunque nos respetamos de lejos. Lo más increíble de todo, es que fue una de las decisiones más acertadas que he tenido en mi vida. Allí encontré a Marta.

Marta y yo somos como la noche y el día. En realidad siempre estamos “discutiendo”. Nos llevamos como el perro y el gato, (Y lo de gato siempre me toca a mi) pero siempre todo en un tono de buen humor… Es, de todas mis amigas con la que más química hay. Una mirada y nos entendemos. Después se unió Natalia. Y desde entonces no volvimos a separarnos. Natalia es más parecida a mí, o yo a ella, según lo mire, con la diferencia que ella es mucho más optimista y siempre acaba desvirtuando la realidad, pero eso es otra historia.

Las tres formábamos un equilibrio perfecto. Con una vida que se nos ofrecía en plenitud.

Teníamos las botellas de Peñascal, (que aborrecimos) las salidas de cada sábado religiosamente, sin saltarnos ninguno. También teníamos las risas cómplices, los chicos que no nos gustaban y los que nos llenaban de mariposas el estomago. Teníamos, entre guiños, escapadas solo de tres, mientras las demás se quedaban en casa. Teníamos las lagrimas que no salían y las que si, la prisa por tener el carné de conducir. Las locuras. Más risas. Más lagrimas. Encaminar el largo proceso que es, llegar a ser adulto (y cuando lo seremos yo no lo sé… ni ganas….)

Tuvimos los primeros trabajos, los primeros desplantes. El choque brutal, la perdida inconsciente de la inocencia, ya no había cuatro paredes en la que la monja nos regañaba a Marta y a mi porque nos intercambiábamos cartas en clase de mecanografía y no hacíamos los ejercicios. Ya no estaban los descansos en aquel patio pequeño con un banco que siempre estaba ocupado, en el que salíamos a fumar un cigarro. Tampoco estaban los desayunos con tostadas de tomate y zumo de naranja. No quedaban aquellos últimos minutos antes de un examen, ni las formulas apuntadas en la calculadora. Tuvimos que despertar de todo eso y darnos cuenta de que, sin quererlo, nos hacemos más grandes y tenemos que encaminar la vida de algún modo productivo.

Trabajos diferentes, novios diferentes. Menos tiempo. Más estrés. Más dinero. Más coches. Menos sábados tiradas en la playa todo el día, menos domingos de cafés.
La vida se empeña en que cada una crezca a su manera. Y nosotras luchamos porque todo siga intacto, nuestro equilibrio. Nuestra amistad. En un proceso que no admite destrucción. Lejanía si, pero no destrucción. También tuvimos crisis. Y aun las tenemos de vez en cuando. Pero tampoco esto admite destrucción. Es todo más fuerte.

No pasa un día sin que hablemos por teléfono. Y nos vemos siempre que podemos, aunque sea una vez a la semana, o cada dos. Pero la vida, por muy dispar que se presente siempre nos deja un rato para afianzar algo que dura ya tantos años.

Ayer, sentada en el sofá en casa de Marta, recordábamos muchas anécdotas de tantos años atrás, muchos momentos que hemos vivido juntas. Ayer, mirábamos trajes de novia para ella en un catalogo… Ayer, me di cuenta de que soy una persona privilegiada que cuenta con personas a su lado que la quieren, la respetan y la apoyan hasta cuando necesita soledad.

Conciencias inconscientes

Lunes, Diciembre 5th, 2005

EL fin de semana se ha ido. y yo me he quedado con esta conclusion:

Hay veces en las que tu propio llanto sirve para curar las heridas. Otras veces el llorar no te hace falta porque te desgarra aún más las heridas. Hay veces y veces. Veces que lloras sin saber porque estás llorando, y otras veces, que tienes motivos, te notas los ojos secos y el pecho apagado.

Así funcionan. Así son las normas que se inventaron cuando no entra en tu lógica sentir por sentir y nada más. Sin más explicación. Sin mas motivos, que sentir porque existes y forma parte de ti.

Hay veces en las que se busca en el bolsillo del pantalón un resguardo para cerciorarnos de que existió. De que nada fue un sueño. De que fue mentira (o fue verdad) de que una vez anduvimos por mares calmos y tiritando de paz.

Hay otras veces que se juega con la risa. Que te explota toda en el recodo de cualquier comisura, de cualquier otros labios que reflejan la tuya propia. Besos que saben a agua, y besos secos que no tienen ni principio ni final.

****

El sitio es grande. Muy amplio, es de esos lugares en los que no te llegan conversaciones ajenas, porque hay suficiente distancia entre mesa y mesa para no tener que enterarte aunque no quieras de que hablan los de al lado. La musica es buena aunque siempre está demasiado alta, me molesta tener que alzar la voz (tengo un tono bajo)

A simple vista no las veo, busco entre tanta gente y las encuentro riendo en una mesa del final, medio escondida.

Repartición de besos a las dos y primera ojeada a todo en general, Natalia va por el segundo JB con Nestea (aún me pregunto como pueden mezclarse ambas bebidas y lo peor, beberse.) Voy a la barra y pido el tercer JB para Natalia y una cerveza para mi. Marta se despide y me deja a Natalia en pleno proceso de autodormirse la conciencia. Quizá así no siente, quizá así no le duele por dentro tantas heridas cosidas y descosidas.

Me va contando su ultima pena, la más reciente que se ha mezclado impudorosamente con las antiguas.

No viene al caso ir relatando una a una las preguntas que yo no sabía responder, mientras ella seguía anestesiando los sentimientos y callando (ahogando mas bien) a sorbos todas las explicaciones que le pedia el corazón. el cansancio, las ganas de salir corriendo, el dolor latiendo al compas de una conciencia que riñe a cada paso que da contra si misma.

Una vez más, solo será eso, otra herida, otro golpe en un ring que nadie ve pero que existe.

La dejo en casa y le prometo que al día siguiente iremos a comprar algo de ropa.

Estaba demasiado cansada para decirle algo coherente.
Estaba demasiado cansada para decirle algo.
Estaba demasiado cansada para decir. Para Opinar. e incluso para sentirme mal.

Este miercoles, y el miercoles que vendrá!

Viernes, Diciembre 2nd, 2005

Me despedazaban (literal y cruelmente). Había sangre. Y yo hecha trozos.

Despierto sobresaltada. Miro el reloj. Las cuatro. Me da miedo volver a dormir y retomar la pesadilla donde la dejé. A veces pasa. Pienso entonces que ha llegado el gran día. La dichosa cita con el especialista del estomago… Sé que no soy la única con una profunda aversión por los médicos. Y también sé que más de uno se identificará con la dentera que da ir al especialista, de cualquier especialidad.

Al llegar a consulta me entran brotes hipocondríacos, lo que contradice las cientos de veces que se me olvida tomarme medicamentos, químicas y cosas que habitualmente tienen nombres que yo no entiendo. Ni quiero. Que conste. Que poco habituada estoy a ir al medico, que el solo hecho de estar allí ya me hace sentir peor!! Algo raro debo tener!!!!

Diagnostico: Ninguno.

“endoscopia, endoscopia, endoscopia, endoscopia” horror, miedo, incredulidad…. Me he quedado atascada en esa palabra y he dejado de escuchar… la doctora me lanza a la cara “no me mires así” y me suelta la explicación de carrerilla, como si mis oídos no escucharan por primera vez todo el rollo, como si mi cerebro no estuviese trabajando a destajo para entender porque narices me tienen que hacer una prueba tan horrible sin pasar por las suaves. Las de toda la vida quiero decir. Sin cámaras, sin tubos, sin anestesias…. Sin ese tipo de cosas que a mi me dan pavor. ¿He dicho ya miedo y horror?

Entonces, con sonrisa congelada, va y me lanza “es que con esa prueba sabremos que no tienes”… “seguramente no sea nada” y ahí lo llevas bonita!!! El brote hipocondríaco está revolucionado. Extasiado. Y con trabajo!… para acabar la visita, me dice “tu estomago no funciona como debería”… afortunada yo, que estoy en tan buenas manos, y sobretodo, cautivada por tanta perspicacia.

Mostrador B, y una larga fila india, como en el cole, pero esta vez es peor, tengo a una mujer detrás que sin previo aviso empieza a contarme su vida, aquel día que la intentaron robar y se montó el cirio. Habla deprisa y fluido, con un tono desafiante, mientras yo sonrío. En mi turno, aparte de decirme lo bonito que es mi anillo, me dan dos meses para pensarme si quiero hacerme la prueba o no (bienvenida al sistema sanitario español y sus listas de espera) y de paso, para evitarse las preguntas, ya viene de serie un montón de folios junto con la citación en el Hospital en el que explican de modo claro y limpio lo que me pretenden hacer.

“le recomendamos que venga acompañado” “Existen riesgos que usted debe conocer….” “firme aquí dando su consentimiento” y etc. Etc. Y más etc.

Yo me niego. Después de leer todo eso… ¿a quien le quedan ganas de probar? Hago sondeos entre conocidos, para cerciorarme de que las hojas no exageran. No exageran. “es lo peor que me han hecho” “se pasa realmente mal” “te dan tranquilizantes” y otros cuantos etc. Más.

Si en el momento en el que mi (sagaz) doctora me dio la noticia los ojos se me abrían de par en par después de lecturas y sondeos lo he decidido: Si puedo evitar la dichosa prueba. Lo haré. Pagaré un puñado de euros a un medico privado que no sea tan roñoso como la Sanidad española que me niega pruebas menos agresivas para ahorrarse el dinero.

y así parece que el brote de hipocondría desaparece.

(Continuará…)