Archive for Noviembre, 2005

A veces hasta reflexiono….

Miércoles, Noviembre 30th, 2005

El agua a presión de la ducha me golpea suavemente la cabeza. Está caliente. A una temperatura perfecta para mí. Me concentro únicamente en las gotas que se van deshaciendo en los retazos de piel. En las sensaciones que el agua me transmite. Abandonarse al momento perfecto en el que el tiempo deja de existir. En el que los problemas, las tensiones del día, los enfados, las prisas, todo, en ese momento en el que el agua va cayendo sobre mi se esfuman. Desaparecen. Es un pequeño placer diario.

¿Quién no se dio alguna vez una ducha rápida? Porque tenía prisa por llegar al trabajo-a la cita – al cine – al restaurante…. Sin percibir siquiera el agua, vaivenes de pensamientos “¿habré hecho esto?” “si cojo la carretera x seguro que llego antes”… “no he preparado el informe para mañana”….

Dejamos de degustar momentos pequeños, placeres que ni siquiera identificamos como tales porque se han hecho a nosotros y nosotros a ellos. Ponemos el cuerpo en automático y la mente se va. Ella no descansa. Nunca lo hace. Debería tomarse vacaciones, de repente un día estalla, rompe a llorar y te dice “No puedo más” y se larga. Por la puerta de atrás ¿Qué más da? La mente es así. Cuando algo no existe se lo inventa. Siempre trabaja.

Cualquiera podría decir que soy una persona hedonista y nada más alejado de la realidad. Me gusta reparar en las cosas con las que coexistimos y no nos damos cuenta. No las percibimos porque ya forman parte de nosotros.

Me siento profundamente alejada de la realidad. Como si no existiese porque yo no la toco. No es palpable. Estoy tan dispersa, tan en la luna que olvido cosas imperceptibles. ¿Dónde he puesto las llaves? (las llevo en la mano) No me han devuelto la tarjeta! (la guardé en el bolso)…. Siento que el cuerpo y la mente no van de la mano, y no me angustia (ya no) me resulta cómico darme cuenta de que estoy tan inmersa en sentir cosas positivas. Sensaciones diarias que había olvidado después de una época de tanto estrés, de tanta penuria, de tanto llorar…. Que es cómico verme tan relajada. Me he puesto un pendiente (el otro no)… mi jefe me habla (no lo escuché)….

A veces se me olvida vivir. Se me olvida por tanta tendencia melancólica, por tanto auto-control sobre las circunstancias que me abruman y que no puedo controlar por mucho esfuerzo que yo haga. A veces olvido cosas más importantes que las llaves, olvido que me encanta disfrutar de la ducha (es mi momento preferido del día) y que odio tener que darme una ducha rápida. Me niego. A veces olvido que el café en compañía siempre es mejor que el café a solas. Y A veces olvido que me paso la mayor parte del tiempo precisamente dejándolo escapar.

Quizá ya era hora de que la mente, se fuese de vacaciones con tanta lógica, responsabilidad y control sobre mí. Quizá ya era hora de que el corazón reclamase atención… quizá llego un buen tiempo. Soles. Luces. Calma. Tranquilidad.

Un momento en silencio por la locura que a veces supone vivir.

Ternuras e Inspiraciones

Lunes, Noviembre 28th, 2005

Estaba el otro día en una cafeteria del centro, esperando. Mientras miraba el estanque, los peces y el chorro de agua me invadia la necesidad de escribir algo, cualquier cosa… Decidí buscar una papeleria y comprar una pequeñisima libreta para esos momentos en los que escribo apenas tres frases… Inaguré anoche la libreta “golpes de luz”…. este es el resultado:

“Como la extraña levedad de lo leve de la vida, como la maraña de sueños que la paciencia y el tiempo heredan, la Felicidad capeando humildemente a la Tristeza”

Se me sale la ternura por las orejas y me brillan los ojos, y para colmo sonrio tontamente… no recuerdo el ultimo momento el que me sentí así… tierna sin sentirme culpable, tierna en medio de la tristeza… Me cogí de nuevo “El Principito”…

Disfrutare el momento tierno porque sé que pasará.

Encuentros y Despedidas

Jueves, Noviembre 24th, 2005

- Una manzanilla y un botellin de agua por favor.

Estoy en la estación de autobús, remuevo la manzanilla atropellándome con las sensaciones, con los momentos que he vivido estos dos intensos días. Estoy sola, y a solas con mi manzanilla voy recuperando las risas, las confidencias, las bromas, los largos paseos… Aun tengo el sabor de los donuts con María, también me viene a la cabeza la conversación de las tres mientras zampabamos un kebab. Ha sido genial. Estupendo. Todo. Desde principio a fin. Es para repetir.

Jardín Botánico

Pienso en las veces que me he encontrado con alguien que hacía mucho que no veía, también pienso en las veces que me he tenido que despedir de alguien abrazada, llorando a lágrima viva y esforzándome para, mágicamente, tan solo con desearlo intensamente, se detuviese el tiempo en ese abrazo. Sin tener la amarga sensación de que la vida se te escurre entre esos brazos, en la última mirada. En el hasta luego que se te va clavando como uñas por dentro. Desgarrando la tristeza de tener que decir adiós, hasta la vista, te echaré de menos.

Las estaciones son el pulmón de las relaciones. En serio. Son tan sumamente especiales que si se tuviese que contar las historias que esas paredes, que esos andenes han visto, se necesitarían ciento, y mil, y millones de hojas en blanco. Esas estaciones, o aeropuertos, que van encadenando una a una los eslabones de las familias que llevan tiempo sin reunirse, de las parejas que sobreviven más mal que bien a la distancia, de las amigas y los amigos que la vida y el espacio ha separado.

Encuentros. Reencuentros. Despedidas. Todo en el mismo sitio. Como de paso. Como si no fuese un arma doble, que lo mismo te devuelve lo que tanto querías como igual te lo quita. Azafatas, conductores, con la maleta siempre a cuestas ajenos por completo a las vidas, a los sentimientos que se van escondiendo en cada kilómetro que se aleja. Que te aleja. Que te quita. Que te da.

Observo en la dársena, instalada en un rincón con la maletita en el suelo, como una pareja se funde en un abrazo. Un abrazo que hasta a mi me duele. Ella es mucho más bajita que el chico, y parece que lo aprieta tan fuerte que quisiera fundirse entre los huesos del moreno. Ella se despide, no llora, se da la vuelta y se sube al autobús. – Creo recordar el dolor, aunque es un dolor inexacto, que no concuerda con la alegría que me llevo, con las sonrisas que me brotan de repente, es un dolor que no haya su momento, y se va – como el chico moreno que da la vuelta para comprobar que el autobús de su pareja se va perdiendo y es cierto que ella ya no está.

Me encanta observar a la gente en un aeropuerto, en una estación. Inventarme tranquilamente sus vidas mientras voy tejiendo mis recuerdos, mis penas o mis alegrías. Me encanta darme cuenta de que en realidad, estos lugares tienen una magia que pocas veces se percibe. Es la esperanza. El halo que me inunda toda y que no le pesa tanto aunque hoy te vayas, o me vaya, en algún momento, otro día, nos encontraremos.

Semana que se va y espero que se lleve el estres…

Jueves, Noviembre 17th, 2005

La semana empezó mal y creo que acabará bien, pero no canto victoria, que aún me quedan tres días. De momento, estoy sin internet en el trabajo, por problemas con la tarjeta de red por lo visto, y la verdad es que cuando llego a casa después de estar pegada a la pantallita durante todo el día lo que menos me apetece es volverme a enganchar…. Asi que, es probable que esté semi-desaparecida y os visite menos, pero en cuanto se solucione el problema me pongo al día en un plis-plas.

Haciendo honor al titulo del post escrito sobre la marcha por primera vez, tengo que decir que esta semana me está resultando terriblemente estresante… Con un viaje expres a Madrid que no está preparado y que no lo va a estar, ni tan siquiera un billete de tren (que triste ) discusiones por aqui y por allá que me han llevado a replantearme aspectos muy importantes en mi vida, por supuesto tras vaciar pozos internos de llantos que no permití salir antes, de creer que esta vez si que no podía más y ese tipo de cosas cuando se está en plena crisis de nervios porque crees que todo es mas fuerte que tú y que eres una dichosa marioneta… Todo eso aderezado con malas noticias, gracias a lo maravilloso del funcionamiento de este, mi querido pais, cansada de tanta burocracia, y mezclado desafortunadamente con intolerancia e incomprensión… me han hecho sentir terriblemente mal….

Y para colmo, porque esto no acaba aqui, tengo una estupenda lumbalgia, o aciatica, o dolor, o lo que sea, que me impide caminar con mi gracia natural, asi que, teneis que perdonarme, pero esto está escrito bajo los efectos del todopoderoso Myolastan, que en breve me tendrá profundamente dormida…. y mañana más.

No hay mal que cien años dure, o eso dicen, afortunadamente todo ha mejorado considerablemente, lo que ayer era negro hoy es casi de blanco celestial… y encima me he cerciorado, hay personas (seria mas justo decir hay UNA persona) que están dispuestas a escuchar mis quejas y llantos, de dejar que me desahogue, aconsejarme aunque esté en pleno ataque nervio-lloroso…. y por si todo esto fuese poco, me deja carencia de 30 días para decirle que lo siento por ser tan pesada y que mil gracias…. todo por el modico precio de un cafe con pastas. ¿no es genial????

Y hasta aqui llegó la actualidad.

Me voy… pero ya se sabe, que volvere, espero que con todas mis facultades en pleno funcionamiento

Un abrazo a todos.

Un momento en la Contradicción.

Lunes, Noviembre 14th, 2005

Y una mañana te llega un e-mail, que huele a derrota y a ti te sabe a cansancio. Unas letras que se te hacen borrosas, porque ya las has visto antes, letras que se han encadenado de manera símil y en otro momento, pero que encierran el mismo contenido.

Pero el día anterior te recuerdan lo que es echar de menos. Lo que os une y se ha desdibujado un poco en la ausencia. Tratas de evocar lo que has guardado de momento para que no duela, para permitirte llevar el día con la mayor serenidad. Te ríes con ganas de llorar, y te convences de que la felicidad es un caballo salvaje.

Y entonces te das cuenta de que has inflado el tiempo… No, no lo has llenado, llenar es otra cosa, lo has inflado de momentos, rellenando los huecos de los minutos con cierta soberbia y con un poco más de aburrimiento. Tan inflado, tanto, que te ha explotado en la cara. Aire y silencio. Remordimiento. Lagrima inconclusa.

La ventana que bajaste por si hacía frío, por si llovía, se te abre dentro. Recuerdas que había una sonrisa pintada pero solo te han dejado el boceto. Apresas los momentos porque ahora tienes miedo de que se te vuelvan a escapar, porque no quieres dejar de creer que existió. Porque la felicidad, por muy salvaje que sea, existe.

Existirá.

Las 5: De compras

Sábado, Noviembre 12th, 2005

1. En el súper, que comprarías? un postre lácteo hipermega bifidus que te limpia las arterias o un buen chorizo y queso..
Yo??? mi madre no me deja ir a la compra, porque acabo trayendo de todo menos lo que me ha pedido (bueno, es algo exagerado) pero siempre siempre añado algo más… Algo de chocolate o algo dulce posiblemente.

2.En el quiosko, que compras el periódico preferido con el dominical y una bonoloto o el ultimo numero con las fotos de la infanta leonor?
Despues de que nos están bombardeando en la televisión con las fotos de la niña, pues NO. Ademas que las revistas de cotilleos no me gustan nada de nada. El Periodico tampoco lo compro (lo leo en el bar tomando un café) asi que… posiblemente compre alguna revista, pero de que tematica no se decirlo porque al cabo del mes compro de todo un poco…

3.Planeas vacaciones…en la agencia te ofrecen un viaje en un paraíso tropical de las islas mutamwa o un casa en la montaña con chimenea, sola en el bosque muy romántica, cual eliges?
A la Isla me iba con amigas. Creo que sin dudar demasiado. Supongo que serán de esas playas paradisiacas y todo eso… La Casita de la montaña mejor en pareja, que para eso es más romantico… Aunque ahora mismo la ilusión que tengo es conocer Egipto! Algun voluntario/a para acompañarme???

4.Hay que renovar la ropa interior…que esta llena de orificios sospechosos…jejejej A comprar!!
Voy al mercadillo y me compre un pack d 251 bragas mas 120 calzoncillos de diseño o prefieres ir a woman secret

El mercadillo y yo no nos llevamos bien, me estresa bastante y no se comprar ni la fruta. Asi que, lo descarto completamente. Woman Secret o Etam sin dudarlo, sobretodo la primera que me gusta muchisimo y en cada visita dejo la Visa temblando.

5.Tienes 50€ y es viernes…te llaman los amig@s que se van de cena…que haces t apuntas o t compras ese caprichito que tanta ilusión te hacía?
Me voy de cena, que la risa es más caprichosa. La verdad es que el tiempo en buena compañia es hoy en día, mas que un capricho un lujo asi que, lo prefiero antes que comprarme cualquier cosa de la que enseguida me voy a cansar.

El olor a vida

Jueves, Noviembre 10th, 2005

Surgió la idea tras leer una de las tantas revistas que compro mensualmente, de temas variopintos y sin ninguna conexión entre temáticas que no sea la curiosa compradora, y a veces compulsiva.

El desprestigiado sentido del olfato.

Admiramos cuando vemos algo bello, y nos horrorizamos cuando nuestros ojos perciben algo deslucido. Nos fiamos de lo que vemos y lo hacemos realidad en un plis-plas. Oímos, aunque no sea indicio de que hemos aprendido a escuchar. Nos prestamos con dos orejas para cuando nos dicen cosas lindas, aunque quizá debimos prestar más atención a la música de las silabas. Tocamos, apreciando las diversas texturas… una piel suave, aterciopelada, un cabello sedoso, o unos calidos brazos que nos resguardan del frío. Degustamos besos y fresas. Helados de chocolate. Vino Tinto y carne.

¿Y donde queda el olor?

El olor a mi me recuerda a días de lluvia, a la tierra mojada, al aire limpio que va quedando tras su paso. Me recuerda a la primavera y su azahar. Al Mediterráneo y su sal. Me recuerda a las praderas por las que un día pasee y a la lasagna de la abuela en la Toscana. Me recuerda a la vez que me caí de niña con la bicicleta y la sangre me brotaba del labio. También me recuerda a Oscar, y sus camisas tres tallas más que la mía. Me recuerda cuando dibujaba casas, árboles y nubes con los rotuladores que me habían regalado por mi cumpleaños. A baños calientes con mucha espuma de lavanda. Me recuerda al café recién hecho y la tostada de mermelada. Me recuerda al cuello de Isma. A las cenas con rosas incluidas que tuve alguna vez. Me recuerda a los deseos volando por la estancia mientras se apagaban las velas. A los inciensos de sándalo que prendo a mi paso. El aroma del otoño, de las hojas que se caen y huelen a melancolía. A los árboles que se desperezan y se deshacen de todo lo viejo para estar un ratito oliendo a nuevo. Del aroma a soledad que deja a su paso cada ola del mar. El olor de la risa de limón, y también la risa de fresa. El aroma neutro y limpio que va dejando a su paso el desconocido que me cruzo cada mañana. El aroma a relajación y aceite de bebe tras la ducha, El olor a pino del ambientador del bar de la esquina. El olor a fresco en las tardes de paseos por la ciudad. El aroma a perfume de mimosa y optimismo que hoy, rezuma a mi paso.

Es olor a la vida. Que nace, muere y vuelve a nacer.

A la ultima ronda, invito yo.

Martes, Noviembre 8th, 2005

Una carta inexistente, con inexistente destinatario:

Si tuviese que poner banda sonora a la historia. Quizá me quedaría con Joaquín Sabina escogería “nos sobran los motivos” especialmente, su introducción. Si. Creo que es bastante idónea. ¿Sabes? La escuché muchas veces. Me la repetí una y otra vez hasta que la canté sin rabia ni pena. Tampoco sin gloria.

Siempre he creído que el olvido vence cuando rompo todo lo escrito. Y así rompí decenas de cartas. Cartas como esta, inexistentes. Uno a uno fui leyendo cada gota de sentimiento perdido, desgastado de tanto uso. Es la huida en el tiempo de la sed sin poder beber. Ni te imaginas, que estupida me sentí y que rabia impuse en cada una al romperla. También rompí la última en la que habitaba tu letra redonda, grande y parecida a la mía. Aquella en la que más mentías y en la que yo más creí, pero de esa, solo me reí. Lo llamarías crueldad, yo lo llamé desidia.

Tiré los recuerdos a cualquier río. No importaba, que se los llevase bien lejos, donde yo no los viese, no era ya dolor, ni siquiera pena, solo pereza. Que desembocara en cualquier océano, de cualquier otro mundo que no fuera el mío. Ya no me importaban. No los necesitaba para vivir.

No vendría al caso escribirte hoy. Y por eso no lo hago. Son letras que dejaron de existir. Como tú para mí. Aunque nunca lo creyeses, no te mentí aquel día cuando te dije que necesitarías más de una vida para reparar el daño, que se cerró el círculo. Que todo lo maté.

Que arrogancia la tuya, creyendo que el tiempo es un arma prudencial, y acabaría en perdón y no en indiferencia. No me creíste, ese mismo día, cuando me reí y te dije que el fuego lo devastó todo, tan siquiera quedaban colgadas las cenizas. Todo limpio, como me gusta.

Esta carta, que de por si carece de sentido, es solo una muestra más de la estupidez mía de explicarme lo que tu crees que se quedó encallado y no es así. No. No es rencor. Ni odio. De verdad. Solo es pereza.

Finges que no existió dolor enquistado. Finges con pasmosa gracia y soltura. Finges que te importo. Finges que no hubo una brecha convertida en abismo. Finges que nunca me doliste en las venas. Pero no finges cuando no me crees si te digo que no tenemos nada de que hablar. Que se ha desdibujado completamente lo que sentí por ti. Que no existe. Que todo lo tiré al río. Crees que es un escudo para protegerme, y que tú, caballero fantasmal, podrás derribarlo.

No existes. Alguna vez si. Quizá hace años, pero lo entiendas o no, dejaste de existir para mí.

Así que, tomate otra ronda a mi salud, porque a este olvido, invito yo.

Un Cuarto de Siglo

Domingo, Noviembre 6th, 2005

Hoy, hace veinticinco años que se me ocurrió dejar mi primera morada. Se me ocurrió cruzar el umbral que me traía directa a la vida, aunque ya palpitasen las ganas tantos meses antes. Hoy, hace veinticinco años un señor me ayudó en mi primer encuentro con el mundo, y fue él quien me provocó el primer llanto. Con tan pocos minutos de vida ya tuve mi instante de gloria. Mi momento de famosa…. Dicen, que tan bonita nací, que el medico me fue mostrando cual trofeo por la planta de maternidad del Perpetuo Socorro.

Cuentan, entre pedazos de tarta, casi siempre de chocolate, como cambié las horas de sueño los primeros cuarenta días. Dicen, que me pasaba el día placidamente dormida y jugaba en las noches con las mantitas en la cama grande bien erguida. Que rica la niña, comentaban, entre turnos de vigilia y sueño.

El tiempo que pasa. Paseos por el puerto con sombreritos puestos que lucia con soltura. Coqueta ya, tan pequeña. Las muñecas. Los cuentos. El coche de carreras que me paseaba por el patio de la casa de mi abuela. La improvisada piscina. Dos años ya. Las caricias a la doberman (Diva que se llamaba) que me ganaba en altura. Las primeras letras. Más muñecas. El carricoche de “Blanquita” ella, que siempre decía “mama” hasta que se rompió y nunca más habló. La guardería. El disfraz de chinita. El de pastorcilla para Navidad. – los años pasan – El colegio de monjas. Las gominolas de la tienda de enfrente del colegio. Los patines. Las bicis. Las caídas por imprudente. Mi hermano. El fin de mi reinado. Tan rubio, tan bonito. Que empeño el mío de dejar su cuna conmigo…

Las fotos desvelan una vida que apenas recuerdo pero que les encanta hacerme vivir en cierto modo. Trozo de tarta, sopla las velas y pide el deseo. ¿Solo uno? Me basta.

El tatuaje por los dieciocho. El enfado monumental de mi madre por ello. La rebeldía. Las primeras salidas nocturnas sin hora de llegada. Las risas adultas. El anillo de mi primer novio por los diecinueve. Era de oro. Aun lo guardo de recuerdo. El llanto de los veinte. Mal día fue para cambiar el número de la existencia. Estrellarme con un poco de madurez. Cuando cayeron los veintiuno. ¿Qué estaba yo haciendo? No lo recuerdo en este momento. Los veintidós. Los veintitrés. Y los veinticuatro…..

Cena en la pizzería. Mi amigo David solo entre chicas. Acabamos bebiendo chupitos de orujo de miel. Y después de tequila. Natalia y la botella de licor de avellana sin alcohol. Las risas. Las fotos. La mesa de al lado que también había un cumpleañero. Nuestro brindis por el chico. El de ellos por mí. Los pub donde no nos dejaron entrar. Mi hermano no tenía la edad… el batacazo desde la tarima de Mireia y yo… – que noche aquella – Me guardo los mejores recuerdos…. Fue una noche muy buena. Fue estupenda. Y encima me cargaron de regalos.

Hoy me faltan personas que si estuvieron, y que hoy no pueden estar. Personas que no estuvieron pero que hoy si necesito y tampoco estarán. – Perdón por la tristeza -

Sonrisas. Besos y cafés con las amigas.

Pediré mi deseo. Por si me lee algún hado.

Paseos por lo cotidiano

Viernes, Noviembre 4th, 2005

La traición de mi zapato aún me impide caminar con naturalidad. Así que, a falta de unos zapatos que no hieran, marcho en zapatillas, que es mucho más cómodo, pero menos elegante y de difícil combinación para venir a trabajar.

Ayer tuve que ir al centro de la Ciudad. No me gusta conducir por el centro, prefiero caminar, porque estoy la mitad del tiempo clamando al cielo por la dejadez de la gente a la hora de aparcar y la otra mitad soñando con un sitio cerca del lugar al que me dirijo.

Por supuesto, encontré un sitio alejado del destino, pero hacía una tarde estupenda para ir dando un paseo y curiosear escaparates. Me gusta más pasear sola, sin nadie que me pida explicaciones cuando me paro y completamente absorta de la realidad, enfrascada en mi mundo de sueños, ilusiones y clarificador de ideas.

Me encuentro con la madre de Natalia, y con la sobrina, una niña realmente preciosa, de casi un añito, que sonríe a todo el mundo y que si le tocas la pancita se muere de la risa. Tiene unos inmensos ojos azules, y unos rizos castaños adornados anoche con una diadema rosa. Iba la Señora paseando a la nena, hablamos un poco, de cosas banales, juego otro rato con los mofletes y la pancita, se ríe la niña mientras le hago carantoñas. Y me despido de las dos. Sigo con el paseo.

Acabo entrando, sin previa intención, en una zapatería. Quiero zapatos sin tacón, cómodos, negros para “todos los días” a poder ser, que no me hagan destrozos en los pies. La chica se ríe, aunque creo que su risa se debe más a mí que a la gracia que tengo hablando. De lo que me interesa no hay número que me valga, menos mal que tengo un pie que roza la media nacional y no pido súper números difíciles de encontrar.

Frustración. Mi gozo en un pozo. Seguiré en zapatillas hasta que se me cure la herida.

Más paseos. El de el otro día. Tenía que ir a Correos, y no tenía nada de ganas de coger el coche, decido ir dando un paseo. Me gusta el fresco del otoño a las nueve de la mañana. Es como limpio. Como recién nacido. No es como el de la tarde, que ya se ha pasado el día trabajando y está cansado.

Me fije en algo curioso. Estaban el sol y la luna enfrente. Aunque parecía que la luna ya estaba somnolienta, pero ahí se miraban. Era un buen escenario, cielo azul, intenso, transparente, unas nubes algodonadas y ellos dos que se miran. Ha sido una imagen que me ha llamado bastante la atención y que me ha resultado bonita.

Albañiles que se paran. Que me miran, acelero el paso. Me muero de la vergüenza, pero ellos empiezan a cantar una canción y a decirme “cosa bonita que ven sus ojos tan temprano”. Digo yo que era a mí, no había más mujer que yo en ese instante pasando por allí.

Lo bueno es que siempre busco hacer la vuelta por un camino diferente al de ida…

Y siguiendo con los paseos… me encanta hacerlo por la orilla del mar, pero ahí si me gusta tener compañía. Me parece una imagen romántica. Y es que yo no distingo excesivamente bien, lo que estoy viviendo y lo que estoy soñando.