29 de Abril
Martes, Abril 29th, 2008Hola…
Ya ha pasado un día. El primer día, de los muchos, que aún quedan por pasar entre las líneas de mi vida sin ti. Sé que me has echado de menos, quizá incluso más que yo a ti. Sé que te habrá faltado mi risa al otro lado a las 8.30, que habrás extrañado las conversaciones a lo largo del día, sé que te falta la rutina de mi voz como a mi me ha faltado la tuya, y sé también que se te habrá escapado algún suspiro cuando te hayas encendido algún cigarro con aquel mechero que te regalé y que es como un tesoro para ti. Y ayer, te habrás sentido como ausente cuando a la tarde no hayas podido robarle ninguna anécdota conmigo. y el día, te habrá parecido largo y extenuante sin verme, sin oirme, y te habrá faltado mi beso, un beso suave en la mejilla, de hola, de despedida.
Y esto es el principio del fin. Porque te faltarán más momentos, huecos que parecen no llenarse. Se escurrirán los días faltándote cada vez más cosas mías. El primer día es el más sencillo, después, la ausencia se hace más grande y se lo come todo. Se come la rutina de vivir el tiempo juntos, pero también los momentos en los que eras feliz sin saberlo, y acabarán conteniendo el aire pensando en las veces que te tranquilizaba mi voz, mi optimismo, mi dulzura, como siempre decías. Y el agujero se irá llenando de rastros de mí, y tú te sentirás un poco más vacío, un hueco más en el puzzle de tu vida. Te faltarán mis labios, que nunca más fueron tuyos, pero que te presenté entre encantada y triste estos últimos meses.
No sé si tengo claro que es lo que más pena me causa, no sentir ya un dolor agudo recorriéndome las vértebras o sentir esta tristeza que pica porque has estropeado lo mejor que te ha pasado. (Te acuerdas? Me lo dijiste aquel día, cerveza en mano) Porque esto, lo que tuvimos, pudo ser grande y no será, ya no lo será, porque agotaste hasta la última gota del amor que te tenía, porque fuiste estirando el hilo invisible que nos mantenía unidos sin estarlo hasta que el hilo, mitad roto, mitad cortado, nos ha acabado desuniendo.
Y sé, que en el momento en que me cobijen otros cielos, tú mirarás al suelo y te darás cuenta de que has acabado con todo lo bueno que te rodeaba al estar cerca de mí, pero tú ya no me importarás. Ya no.
Porque ahora, mi corazón esta débil, como enfermo, pero no se muere, no se puede morir algo que ya se murió una vez. Y tu nombre, irá difuminándose con el viento y la lluvia no borrará las heridas, pero las cicatrizará, - recordaré que dolió, pero no volveré a sentir ese dolor – veré un cielo azul mientras tú te toparas con un negro cielo, y será ese día, en el que realmente seas consciente de que has perdido a quien más te ha querido, a quien te dio cada suspiro, cada guijarro de su corazón (que gran verdad se esconde en aquellas palabras que dicen que sólo se sabe lo que se tiene hasta que se pierde) mirarás a tu lado, y no estaré. Será mi sombra, mi fantasma, pero mi alma y mi cuerpo se habrán marchado lejos, muy lejos.
Nunca más seré tuya, porque una vez lo fui, es cierto, pero ya no lo soy, ni lo seré más, porque no se puede querer a quien te va tiñendo de negro lentamente, a quien te va apretando el alma hasta que el alma se rompe en pequeños cristales que caen al suelo.
No puedo quererte así, con el alma envenenada como yo la tengo. Así que hoy sé, que ya no puedo quererte, que te quiero, pero no como te quise – incondicionalmente- tu nombre me raspa y tu recuerdo no me escuece. Ya no eres tú el puerto donde quiero arribar.
Porque sé, que en otro cielo, acogerán mis alas y me dejarán volar, porque sentiré, en algún momento, que sólo fuiste un pasaje más y no la historia de mi vida, y porque sé, que el día que vuelvas a buscarme, este corazón estará con mil candados para ti.
Nunca supiste quererme.
Y sabes? Ya no quiero que me quieras como me quieres. No me interesa.
Ni a mi corazón despierto, tampoco.
(…)
A tu destino
querías mantenerte fiel.
Princesa herida,
el teatro de la vida
cambia tu papel…
Oh, oh, oh, Raquel