Archive for the ‘Jirones melancólicos’ Category

Decisiones

Viernes, Julio 4th, 2008

En la vida, sólo hay una cosa segura aparte de la muerte y los impuestos… No importa lo duro que lo intentes, no importa lo buenas que sean tus intenciones, vas a cometer errores. Vas a hacer daño a la gente. Van a hacerte daño. Y si quieres recuperarte… Sólo hay una cosa que puedes decir.

Perdonar y olvidar. Eso es lo que dicen. Es un buen consejo, pero no es muy práctico. Cuando alguien nos hace daño queremos devolvérsela. Cuando alguien hace que nos equivoquemos, queremos tener razón. Sin el perdón, nunca se ajustan las cuentas, las viejas heridas nunca se curan. Y lo máximo que podemos esperar es que un día, tengamos la suerte de poder olvidar.

(Anatomia de Grey, 4ª Temporada)

En la vida tienes que tomar decisiones, aunque no quieras, tienes que hacerlo. No puedes permanecer un tiempo indefinido sin al menos intentar agarrar un poco las riendas de tu propia vida que parece un caballo desbocado.

La tentación de empezar de cero siempre está, pero yo creo que empezar de cero es totalmente imposible. Las heridas, cicatrices, errores, nos persiguen, no importa donde vayamos, no importa porque forman parte de nosotros y por tanto para empezar de cero se necesitaría olvidar todo lo aprendido. No es factible.

Pero te sientes un poco poderoso cuando al menos decides tomar un poco el control, dejar de sentir que vas a la deriva, y preocuparte por lo que realmente necesitas. A veces escoger es terriblemente doloroso, pero aún así, lo tienes que hacer.

En un día he tomado tres decisiones. Con el paso de los años (y su amiga la experiencia) fui relegando a mi intuición a un lado, amordazándola, antes yo era puro instinto y vivía según lo que me dictaba el corazón. La madurez me está dando más dosis de lógica y de repente lo único que me apetece es dejar que me instinto me guíe, como cuando era más niña que ahora…

Y si. He tomado tres decisiones. Acertadas o no, no lo sé, pero sé que hoy es lo que necesito, y el tomarlas me ha costado un día de casi no podar dejar de llorar y tener la sensación de que o tomo las riendas de lo que me está pasando o no podré superarlo nunca.

La primera es personal, no afecta a nadie, es mía, ha sido la más fácil. (Gracias Susana) porque quizá mi vacío existencial dilatado en el tiempo sea algo más “grave” (no encuentro la palabra necesaria) de lo que yo creo. Susana me lanzó la idea, y quizá va siendo hora de que indague más en lo que me pasa y quizá yo sola ya no sé hacerlo.

La segunda ha sido más dolorosa de lo que nadie se imagine, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones que se dice en mi pueblo. Creo que intentando hacer las cosas bien lo he hecho mal y tengo que remediarlo. No siempre toca ser el bueno de la película, y más cuando no es una película, es la vida real. Perdóname.

La tercera, es que Alba deja de existir. Me ha dado mucho, más de lo que quizá haya merecido nunca. Gracias a ella he conocido gente que de otro modo no hubiese sido posible, y no puedo más que estarle inmensamente agradecida. Quizá vuelva pronto o tarde, pero no con Alba. Alba se queda aquí, guardándome los secretos que he ido llevando en mi pecho. No me queda más que daros las gracias a todos por vuestro cariño, por vuestro apoyo, por todo.

Un abrazo.

Hay cosas con las que no puedo…

Lunes, Mayo 12th, 2008

Hay cosas a las que no quieres enfrentarte, no es que no puedas, es que no quieres. El temor te sacude por dentro. Sientes que tienes un asunto pendiente, algo que está ahí, esperándote. Lo dejas para mañana, para el siguiente, y te vas dando excusas.

Pero las excusas se acaban y lo que sientes te reclama. Te busca, te cerca, observa tus movimientos y descree tus excusas. Te espera. Hasta que en el laberinto que es a veces tu cabeza, entre los impulsos del corazón por latir, ahí, te mira a los ojos y te sienta.

¿Qué haces con la decepción? Yo no sé tratarla. No sé apaciguarla en mi corazón. No sé que hacer con sus jirones, con sus dolidas palabras. No sé calmarla, ni matarla. No sé que hago con esta decepción entre las manos, porque es algo que me cuesta superar porque me supera.

Porque puedo con sentimientos más duros, puede doler, tener el alma en carne viva, sentir que todo late por inercia sin mi consentimiento, y lo sufro, y lo lloro, pero vislumbrando un fin, un camino nuevo. Sin embargo, con la decepción nunca me llevé excesivamente bien.

Y me escondo de ella, porque no quiero verla, ni quiero sus explicaciones, ni quiero sentir que con la decepción me viene un luto. Porque es más difícil llorar las cosas que duelen pero es más triste ver que lo que has depositado en alguien se ha esfumado con el aire, que te has equivocado, que todo sigue fluyendo menos esa parte de tu corazón que arrastra pena.

No me gusta la decepción, porque es como si me hiriera a mi misma, porque al fin y al cabo mi fe también se escapa. Porque me resulta casi cruel darme cuenta de que he podido soportar que me rompan el corazón pero no puedo soportar que se me decepcione.

Y es increíble esperar de los demás que nunca te decepcionen, pero cuando has puesto corazón y piel, pedazos de quien eres en otra persona, esperanza en sus manos, cariño en su corazón, son lágrimas agrias las que corren por la cara. Lágrimas amargas que mojan la barbilla.

Y no sé que hacer porque no tengo ganas de hablar con esta decepción que nubla el mejor de mis días aunque la vaya postergando. Aunque vaya reclamándome justicia.

No estoy preparada para este entierro, porque no puedo. Si alguien me decepciona, si consigue que mi paciencia se ahogue, si siento dentro que se ha partido algo por la mitad que no se puede pegar… se marca el punto final.

Lo hice en enero con alguien, y me costó muchos años decepcionarme, pero cuando lo hice supe que después de la decepción vendría el fin. Van de la mano, unidas para mí. Y después ya no soy flexible. Ya no quiero nada más.

Y ahora, otra vez, me veo en la misma rotura. Partida por la mitad.

Y te prometo que sentirme decepcionada es algo que no puedo asimilar. Que no quiero. Que no sé hacerlo…

Y otro fin más.

Se acabó?

Miércoles, Abril 30th, 2008

Nunca unas palabras me pesaron tanto. Dan miedo. Mucho miedo. Estoy confusa. Exhausta por esta lucha draconiana que mantengo, contra mi misma, contra lo que siento, contra lo que pienso. Contra sus palabras, que van llenando las heridas que nunca dejamos cicatrizar de algo parecido a un bálsamo que me hace temblar, perder el equilibrio, mantener la cordura en la cuerda floja.

Y mi corazón amordazado se calló, no dijo cúrame estas heridas. No pongas tiritas ni remiendos, pon tu corazón sobre ellas. Haz que mi alma vuelva a reír. Acúname entre tus brazos y deja que por un momento yo no sea la fuerte. Deshaz los nudos que te aprietan y no te dejan libre para sentir. Olvida tus dudas, tus miedos, tu inseguridad, vuela un rato conmigo, sobre el cielo, besa cada lágrima de las que me han encharcado, besa las que se parecen a las gotas del mar. Vuelve a mi, y no permitas que me de la vuelta y me marche. No me pidas perdón, cúrame, haz por borrar de lo más profundo de mi corazón estos jirones para poder volver a quererte incondicionalmente. Dime otra vez que me quieres, pero no permitas que no te crea, grábalo a fuego en lo más intimo de mi persona. No me digas que me echas de menos, que no puedes estar sin mi y que te faltan pequeñas cosas mías, como la llamada de las 8.30. Dime que nunca podrás echarme de menos porque siempre estaré contigo.

Y no lo he dicho.
No. no lo he dicho.

Llevaba los ojos enrojecidos e hinchados como yo, yo he mentido, él no lo sé, no he dormido bien. Él tampoco. Anoche lloré hasta que me venció el sueño. Creo que mi dolor florece con retardo.

Le he dicho todo lo contrario.

Dice que lo entiende.
Que me deja marchar.

Ha dicho otras muchas cosas que me han hecho pensar ¿por qué no puede ser? si me quieres, si te quiero ¿Cómo es posible que no se de? ¿Cómo es posible que todo lo hagamos tan complicado?

No lo entiendo.
Igual me estoy volviendo loca.

Seguramente me dejé el corazón colgado de su ventana y la cordura a los pies de su cama.

Ahora si, duele.

Pudo ser tan facil
pero lo dejaste ir

29 de Abril

Martes, Abril 29th, 2008

Hola…

Ya ha pasado un día. El primer día, de los muchos, que aún quedan por pasar entre las líneas de mi vida sin ti. Sé que me has echado de menos, quizá incluso más que yo a ti. Sé que te habrá faltado mi risa al otro lado a las 8.30, que habrás extrañado las conversaciones a lo largo del día, sé que te falta la rutina de mi voz como a mi me ha faltado la tuya, y sé también que se te habrá escapado algún suspiro cuando te hayas encendido algún cigarro con aquel mechero que te regalé y que es como un tesoro para ti. Y ayer, te habrás sentido como ausente cuando a la tarde no hayas podido robarle ninguna anécdota conmigo. y el día, te habrá parecido largo y extenuante sin verme, sin oirme, y te habrá faltado mi beso, un beso suave en la mejilla, de hola, de despedida.

Y esto es el principio del fin. Porque te faltarán más momentos, huecos que parecen no llenarse. Se escurrirán los días faltándote cada vez más cosas mías. El primer día es el más sencillo, después, la ausencia se hace más grande y se lo come todo. Se come la rutina de vivir el tiempo juntos, pero también los momentos en los que eras feliz sin saberlo, y acabarán conteniendo el aire pensando en las veces que te tranquilizaba mi voz, mi optimismo, mi dulzura, como siempre decías. Y el agujero se irá llenando de rastros de mí, y tú te sentirás un poco más vacío, un hueco más en el puzzle de tu vida. Te faltarán mis labios, que nunca más fueron tuyos, pero que te presenté entre encantada y triste estos últimos meses.

No sé si tengo claro que es lo que más pena me causa, no sentir ya un dolor agudo recorriéndome las vértebras o sentir esta tristeza que pica porque has estropeado lo mejor que te ha pasado. (Te acuerdas? Me lo dijiste aquel día, cerveza en mano) Porque esto, lo que tuvimos, pudo ser grande y no será, ya no lo será, porque agotaste hasta la última gota del amor que te tenía, porque fuiste estirando el hilo invisible que nos mantenía unidos sin estarlo hasta que el hilo, mitad roto, mitad cortado, nos ha acabado desuniendo.

Y sé, que en el momento en que me cobijen otros cielos, tú mirarás al suelo y te darás cuenta de que has acabado con todo lo bueno que te rodeaba al estar cerca de mí, pero tú ya no me importarás. Ya no.

Porque ahora, mi corazón esta débil, como enfermo, pero no se muere, no se puede morir algo que ya se murió una vez. Y tu nombre, irá difuminándose con el viento y la lluvia no borrará las heridas, pero las cicatrizará, - recordaré que dolió, pero no volveré a sentir ese dolor – veré un cielo azul mientras tú te toparas con un negro cielo, y será ese día, en el que realmente seas consciente de que has perdido a quien más te ha querido, a quien te dio cada suspiro, cada guijarro de su corazón (que gran verdad se esconde en aquellas palabras que dicen que sólo se sabe lo que se tiene hasta que se pierde) mirarás a tu lado, y no estaré. Será mi sombra, mi fantasma, pero mi alma y mi cuerpo se habrán marchado lejos, muy lejos.

Nunca más seré tuya, porque una vez lo fui, es cierto, pero ya no lo soy, ni lo seré más, porque no se puede querer a quien te va tiñendo de negro lentamente, a quien te va apretando el alma hasta que el alma se rompe en pequeños cristales que caen al suelo.

No puedo quererte así, con el alma envenenada como yo la tengo. Así que hoy sé, que ya no puedo quererte, que te quiero, pero no como te quise – incondicionalmente- tu nombre me raspa y tu recuerdo no me escuece. Ya no eres tú el puerto donde quiero arribar.

Porque sé, que en otro cielo, acogerán mis alas y me dejarán volar, porque sentiré, en algún momento, que sólo fuiste un pasaje más y no la historia de mi vida, y porque sé, que el día que vuelvas a buscarme, este corazón estará con mil candados para ti.

Nunca supiste quererme.
Y sabes? Ya no quiero que me quieras como me quieres. No me interesa.
Ni a mi corazón despierto, tampoco.

(…)

A tu destino
querías mantenerte fiel.
Princesa herida,
el teatro de la vida
cambia tu papel…

Oh, oh, oh, Raquel

Me voy, que lástima pero adiós…

Domingo, Abril 27th, 2008

Me he comido un kit-kat y me he puesto una cola Light en el vaso con hielo. Me he encendido un cigarro. Las maletas, el pórtatil, todo está por en medio. Me arde el corazón. Lo tengo en pleno incendio y siento que si no escribo me voy a ahogar.

La conversación revolotea con su veneno en mi cabeza. Las lágrimas se me caen solas las muy malditas. Estoy en carne viva aunque no noto la herida, ni me duele, ni sangra. Es sólo sal. Más sal en un desgaste emocional que ya no puedo soportar más.

Es un fin sobre otro fin. Ni se fue ni lo eché de verdad. Me dejé llevar por el espejismo de la felicidad a su lado, una felicidad que se agotaba en el mismo momento en el que me paraba a pensar, en el mismo instante en el que ya no quería dejarme llevar por espejismos.

Y no sé continuar. Todo está revuelto en mi cabeza, todo está profundamente enmarañado en el corazón. No es dolor. Ni tristeza. Ni nada. No es nada más que este incendio torpe en lo más profundo de mi ser que me está quemando entera y ya más no puedo arder.

Y las palabras volvían a mi voz. Los labios cansados del silencio pronunciaban el se acabó, porque tú te llevas la parte fácil y yo siempre la díficil, porque no te quiero ni la mitad de lo que te quise, ni estoy enamorada de ti, y no te entiendo, ni ya te quiero entender, porque realmente el problema siempre ha sido tuyo y yo he cargado con él. Se acabó esto que tenemos, estar en tierra de nadie, se acabó este ni contigo ni sin ti que me está matando, porque ya no tengo fuerza para continuar así. Se acabó, se acabó en septiembre y se debió enterrar allí la herida. No mantenerla abierta, a base de tiritas, de besos que después me llagaban el alma. No quiero esto.

Y soy yo la que decide marcharse, y soy yo la que no quiere verte, soy yo, porque a ti, como siempre te falta valor. Te falta valor para dejarme marchar, te falta el coraje para estar conmigo, y a mi, como siempre, de los dos me toca ser la fuerte.

(…)

A.- Mi vida.
R.- Que?
A.- No es a ti, es al Peluche.

(…)

R. Quieres más al Peluche que a mi.
A.- Lo curioso es que él me quiere más que tú.

“Podré estar sin ti aunque con esta herida aprenderé a sobrevivir. Y ahora vete, márchate lejos, donde no te pueda ver porque duele, márchate” (Conchita, Promesas)

… Y otra vez la paz…

Aqui se supone que deberia estar el video de Julieta Venegas que da titulo al post pero no le apetece… os lo imaginais hasta que lo ponga? ;)

Noveno Aniversario

Lunes, Abril 14th, 2008

Pensé que mejor me adueñaba del silencio pero he cambiado de opinión… no sé si habéis seguido la serie de Las Chicas Gilmore, pero es una de mis preferidas con diferencia. Recuerdo que hay un capitulo, El día oscuro de Luke. Luke un día concreto al año desaparece y nadie en el pueblo sabe por qué. Al final Luke le confiesa a Lorelai que es en el aniversario de la muerte de su padre.

Bien, hoy es mi día oscuro. El noveno día oscuro desde aquel 14 de abril del 99.

(…)

Los recuerdos se agolpan hoy más que nunca, y supongo que me lo permito sin resistencia alguna como normalmente hago, porque es raro el día que no me acuerdo de él, a veces, leo sus cartas y simplemente lloro, o voy al cementerio y lloro un rato. Simplemente lloro, y dejo que la pena salga, porque cuando se muere alguien se crea un agujero negro que jamás se llena con nada, simplemente aprendes a vivir con él, con ese agujero dentro de ti, pero la pena no desaparece, porque hoy, nueve años después su ausencia me pesa en el alma lo mismo que aquel aciago día.

Normalmente me llevo bien con ese dolor, pero cada 14 de abril, la sal se va derramando en el agujero negro y no puedo evitar que se me desaten los nudos que normalmente llevo en el corazón.

Nunca he conseguido hablar de él sin llorar. De hecho, al empezar a escribir no he podido evitar empaparme de este negro y quizá por eso dudé en hacerlo o no.

Era buena persona, pero tuve en él un claro ejemplo de que ser buena persona no es sinónimo de ser afortunado en la vida. Tengo momentos grabados, mi hermano y yo a veces recordamos algo y no podemos evitar que las lágrimas – sólo él puede sentirlo igual que yo – se nos escapen, aunque sean momentos felices que son nuestros, y nos pertenecen por derecho, pero que pesará siempre que nos faltaron muchos más que nunca tendremos y que también eran nuestros.

(…)

He llamado a Eme porque necesitaba escuchar su voz – que siempre me da tranquilidad- , ¿sabes que día es hoy? si, me ha dicho.
No lo llevo nada bien hoy, le he comentado.
Lo sé – y me ha dicho una frase que me hace reír siempre-

Hace nueve años, la llamaba a casa para decírselo.

(…)

Donde quiera que estés, estaré yo, y donde quieras que esté yo, estarás tú, porque tu sangre, es mi sangre y mi corazón, tu latido.

Como te echo de menos…

(Siento tanta tristeza, pero este año lo llevo especialmente mal… lo siento)

Princesa de un cuento Infinito

Lunes, Marzo 24th, 2008

He vuelto. Han sido días intensos. No he parado mucho, así que he estado (nunca mejor dicho) desconectada. La rutina hoy me ha sacado de la cama, antes de ponerme al día, os cuento que anoche, mientras esperaba paciente a que el sueño me buscara, se gestó el post que va a continuación… y siento para quienes ya conozcan la historia, pero es que, mi vida, tampoco da mucho más de si ;) (…)

“te quiero y no quiero volver a verte” Así cerré la historia. Fue un día de San Valentín, aunque yo no lo recordase, elegí al azar el día por excelencia del Amor, o eso dicen. Acababa de cumplir dieciocho años.

Lo conocí en el instituto, tres o cuatro años antes. Yo era la adolescente patito feo, insegura, y con ninguna autoestima. El un chico guapo, atractivo y con los ojos más bonitos del mundo. Nos sentamos juntos en clase, y pronto nos hicimos inseparables. Por aquellos entonces tomábamos café en Frank, el lugar donde todos nos encontrábamos. Salíamos por las mismas discotecas – no había mucho donde elegir- aunque él era mayor y normalmente a mi sólo me dejaban salir en fiestas de instituto y poco más.

Los primeros poemas (si, yo escribía poemas… algunos los tengo guardados, los que sobrevivieron a la quema del fin de mi adolescencia) llevaban su nombre, y por entonces los firmaba con sus dos primeras iniciales, y las dos primeras mías, porque sonaba precioso. Gracias a él me aficioné a Héroes del Silencio y (si) A Alejandro Sanz. Nunca olvidaré aquella canción “Amiga mía” que tantas veces me hizo llorar encerrada en mi habitación. Tampoco olvidaré aquel día del concierto, en el que nos abrazamos inmersos en las canciones de la gira “MAS” un día de esos que atesoras para siempre y que tantos años después aún me hace sonreír.

La parte amarga de la historia, es que yo sabía que él sentía por mí lo mismo que yo por él, lo tenía tan claro como el agua, pero al mismo tiempo sabía que él nunca estaría conmigo, porque había una barrera inquebrantable a los diecisiete años, “la belleza exterior” y es que él (supongo) se veía demasiado guapo para mi o algo así.

Aquel día de San Valentín, decidí poner un punto final. No lo medité en exceso. Simplemente sentí el impulso de marcar el fin. de cerrar una historia de un amor platónico, que yo sabía que debía materializarse, y esperé año tras año hasta que me di por vencida.

Dejé de frecuentar los mismos sitios, o intentar no coincidir con él. Los primeros meses fueron duros, pero fue ese mi primer paso de adolescente a “mujer”. Después de patito Feo pasé a ser Semi-Cisne.

Entonces conocí al que sería mi primer novio. Empezamos a salir y él pasó al cajón de las debilidades medio superadas, porque yo sabía que no lo había superado del todo, que apenas habían pasado unos meses de aquel adiós impulsivo.

En las fiestas de la ciudad, con unas copas de más, y mientras mi novio trabajaba, coincidimos. No era la primera vez que habíamos coincidido, pero fue diferente. Estábamos de fiesta, habíamos bebido algo más de la cuenta, él llevaba el pelo largo horrible pero aún así, la atracción que sentía por él me jugó la mala pasada. No me importó tener novio, sólo vi que me cogió de la cintura, que nos acercamos como en una película, a cámara lenta, que los labios aún no se habían acercado lo suficiente, pero que se acercaban, y en el momento previo al beso, un instante antes de que mi sueño de adolescente se materializase la mano del Destino (en este caso no sé si la del Destino, pero de algo estoy segura, que fue la de Eme) me arrastró de sus brazos y me alejó de él, para devolverme a la realidad. Eso fue lo más cerca que estuve de estar con él nunca.

Creedme, que si hubiese sabido que mi novio, en aquel mismo tiempo y lugar estaba liado con una “amiga mía” la mano del Destino (o la de Eme) no se hubiese puesto en mi camino, y hubiese hecho realidad aquello que anhelé tantos años.

(…)

Estoy deseando volver a sentirme el Cisne que soy. Estoy esperando pacientemente a que me llegue otra vez el día de San Valentín con un Final escrito.

Amiga mía, lo sé, sólo vives por él,
Que lo sabe también, pero él no te ve
Como yo, suplicarle a mi boca que diga
Que me ha confesado entre copas
Que es con tu piel con quien sueña de noche…
(Amiga mía, Alejandro Sanz)

boomp3.com

(espero que se oiga, que yo aquí no puedo oir…)

Adicción

Viernes, Marzo 14th, 2008

En el hospital, vemos adicciones todos los días. Es impresionante ver las clases de adicción que existen. Sería demasiado fácil si sólo fueran las drogas, la bebida y el tabaco. Yo creo que la parte más dura de mandar a la mierda un hábito, es querer mandarlo a la mierda. Es decir, nos hacemos adictos por un motivo, ¿verdad? A menudo, demasiado a menudo, las cosas empiezan de cero como una parte normal de tu vida y de algún modo cruzan la línea de la obsesión, compulsión, perder el control.

El caso es que la adicción nunca termina bien. Porque tarde o temprano, lo que nos haya tenido drogados… deja de hacer sentir bien y empieza a doler. Pero dicen que no mandas a la mierda al hábito hasta que caes en lo más bajo. ¿Pero cuándo sabes que has caído? Porque no importa cuánto daño nos esté haciendo algo. A veces dejarlo marchar nos duele más.

Anatomia de Grey (4ª Temporada)

(Lo peor es cuando en el fondo de tu alma sabes que no quieres dejarlo marchar)

Muros y Grietas

Martes, Marzo 4th, 2008

En un momento dado hay un muro. O lo saltas. O lo derribas. O te quedas delante de él. Algunos muros vienen de serie a modo de protección. Otros ladrillo a ladrillo, piedra a piedra se va creando entre dos personas… y cuando te vienes a dar cuenta, te has quedado o lo has dejado fuera. (O ambos) hay veces que tener las cosas frente a ti no implica que las veas. Hay veces que tienes que alejarte para enfrentarlo. Curioso.

Hay pequeñas grietas en las relaciones humanas. Grietas que pueden hacerse abismos, o que no crecen pero se quedan abiertas. A veces las grietas se pueden cerrar. Pero como hacerlo es posiblemente lo más difícil de saber. Quizá cuando te des cuenta de que todo está agrietado es tarde. Y de repente las grietas son dos universos que se ven pero sin rozarse.

Hay pequeñas advertencias en tu corazón. Pequeñas señales de alarma a las que no haces caso porque crees que quizá sea casualidad. Pero cuando te cercioras, cuando realmente lo sientes y lo ves cara a cara ya hay un muro. Un muro que de repente ves infranqueable. Sin un mazo. Sin una escalera. Con las puertas cerradas a cal y canto. ¿Qué se puede hacer? Quizá esa persona no quiera que vuelvas a estar cerca de ella. Quizá ya hay una sentencia en firme cuando tú te has dado cuenta y no puedas, ni debas por mucho que quieras, tratar de franquear ese muro.

Porque si algo he aprendido, es que hay personas a las que se le da muy bien crearse muros, subirse a su tarima y ver el mundo desde arriba. Yo suelo ser de las que se queda abajo, esperando que haya una maldita puerta para retornar al punto de partida… pero las grietas ya no dejan.

Y eso es todo. Hay muros y grietas. Que duelen aunque no lo parezca.

A medias en el Olvido

Jueves, Febrero 7th, 2008

Son pinchazos ¿vale? Sólo eso. Son pequeños pellizcos en el corazón, un recuerdo que te inunda en un instante, y después desaparece. Sin sentir desamor, amargura o desazón. Sólo un poco de añoranza, una sonrisa a medias por aquel momento, y después vuelves a tu vida, has aceptado con naturalidad que el olvido es un camino enrevesado y difícil, quizá porque has pasado más tiempo olvidando que intentando recordar.

¿Qué hacer con una madeja de recuerdos que no sabes controlar? Están clavados en tu persona, se abre el cajón de la memoria por un segundo, y allí están, algunos desgastados, otros intactos, pero todos esperando a que algo de fuera los saque del cajón a pasear. Afortunadamente los pellizcos en el corazón sólo los percibes tú, si fuera algo más físico, te doblarías un momento, como si te hubiesen pegado una patada y necesitases volver a respirar con normalidad.

Puedes evitar (y evitas) escuchar canciones que inevitablemente forman la banda sonora de la historia, puedes evitar mirar objetos, cartas, una película, o dos, puedes dejar de desgranar los momentos que habéis vivido juntos, hasta consigues no acordarte de él a menudo, de cómo te miraba, o como te besó la última vez, ¿por qué siempre recuerdas el último beso? Seguro que si supieras que es el último, pondrías toda el alma en ese beso, o quizá la pusiste, pero de un modo inconsciente, no como el primero, en el primer beso tiemblas. Tiemblas ante el contacto de los labios que anhelabas besar. ¿Pero el último? ¿Cómo vas a saber que tienes que despedirte de esos labios para siempre?

¿Pero que haces con los recuerdos que te vienen a buscar? Porque estás tomando un café, y de repente, te pierdes sin pretenderlo recordando alguna anécdota relacionada con el café. Pellizco. Te doblas interioramente. Sonríes. Y pegas otro sorbo al café. Con un dolor tan leve que puedes volver a tus asuntos, aunque la marca endeble de la melancolía queda en ese recuerdo pero al menos no te impide seguir en pie. ¿Así funciona el olvido? ¿Olvidar es dejar de recordar? Te gustaría guardar todos los recuerdos hasta el preciso instante en el que no hubiese pinchazos. Ni pellizcos ni melancolía. Como una leve anestesia al corazón para que no tuviese que soportarlos. Si no recordases temporalmente, sería mucho más fácil olvidar, pero ya sabes, que el olvido es un camino que da demasiadas vueltas para llegar al Destino: El olvido.

Que curioso, que el olvido sea un fin en si mismo y al tiempo sea también camino.